02372nam a2200145Ia 450000100030000000800410000304100140004408200130005824500830007126000220015430000070017652000070018365000140019052020220020454241029s9999 xx 000 0 und d aEspañol aMIP-0029 0aLas Distorsiones Cognitivas en los Agresores y las Víctimas de Acoso Escolar aDistrito Nacional a64 a12 aViolencia aLos principales propósitos del estudio consistieron en detectar los pensamientos automáticos de los agresores de las víctimas, así como de las victimas agresoras involucrados en el acoso escolar. Para el alcance de los objetivos, el estudio empleó una metodología de tipo descriptiva, mediante encuestas de carácter transversal. Como instrumento se utilizo el cuestionario de violencia escolar, se trabajó también con El Maltrato Entre Iguales en la ESO, Defensor del Pueblo, 2000 y el Inventario de Pensamientos Automáticos. La población la compusieron 257 estudiantes de los grados 7mo., 8vo. Y primero de bachillerato de las instituciones educativas: Colegio San Vicente de Paul y el Colegio La Milagrosa, del sector Los Minas.  Los análisis realizados indicaron que son las victimas puras quienes más tienden a los pensamientos distorsionados: la falacia de recompensa divina (19.8%), la falacia de justicia y de razón (7.8%), etc. Contrario de los agresores puros, cuya puntuación más alta se obtuvo en la falacia de recompensa divina, con un escaso de (4.3%), además de presentar menos pensamientos de culpabilidad que el resto (.4%). En la categoría de victimas-agresoras, la falacia de recompensa divina, se mostró con (10.9%).  Se concluyó que las victimas tienden a pensaren que los problemas se resolverán por si solos, mientras que los agresores no sienten culpa de sus acciones. El estudio recomienda que se debe implementar programas de autocontrol mediante la auto-observación, autoregistro  de las conductas agresivas y la autorregulación.  Referir no solo a los chicos/as agresores al Psicólogo Clínico, sino también identificar y referir a aquellos estudiantes que son victimizados. Indagar  en qué medida los padres son reforzadores de las conductas agresivas o sumisas de los implicados en el acoso escolar, partiendo de que el enfoque cognitivo conductual sostiene que las distorsiones del pensamiento son aprendidas (OBLITAS 2010).